Cada vez que pasamos por Begur, si hace bueno, procuramos ir a ver esta vista. En los últimos años, la exaltación que suele provocar ver de repente aparecer el mar y, en él, las islas Medas, pudiéndose alargar la mirada hasta tan lejos, se va trastocando por un sentimiento que sitúo entre la tristeza y la rabia.
Ahora vuelven a dominar las grúas. Lo blanco que se distingue en el centro de la cala de Sa Riera es también otra de ellas.

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