¿A qué nos desplazamos a Ota, que está en el gran Tokio, pero es un barrio alejado del centro, bastantes kilómetros hacia el sur? Pues a ver la casa que Ryue Nishizawa le construyó a Moriyama, una casa pensada como un “pueblecito”, de varias piezas entrelazadas, con calles, pequeñas plazas entre ellas.
Pasado el tiempo, ya sin Moriyama ocupando la casa, y los diferentes volúmenes disgregados, dedicados a diferentes empeños, el conjunto denota un cierto -inusual en el Japón- abandono, con los espacios entre volúmenes llenos de vegetación crecida a su aire y hasta objetos abandonados, mientras en los edificios las manchas de humedad aparecen en lo que había sido un blanco impoluto.
Pero aún se intuye mínimamente la idea que había detrás del proyecto y la alegría al dar finalmente con ella fue grande.
Aquí coloco el enlace de una revista de arquitectura para que pueda compararse con su aspecto radiante, pasillos despejados, de su inicio.















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