viernes, 8 de septiembre de 2023

Visa pour l'image 2023 (Perpignan)


Yendo hacia Perpignan pasamos lista a las grandes desgracias que habían tenido lugar este último año, para de esa forma prever qué exposiciones nos íbamos a encontrar en la cita anual del Visa pour l’image.
A la hora de la verdad, ya en Perpignan, viendo todo lo que había programado, vimos que nos habíamos quedado cortos, pues ya se sabe que otras cosas no, pero en este mundo se suceden constantemente, hasta enquistarse, catástrofes naturales e inducidas.
Así, pudimos ver reportajes fotográficos de altura sobre -claro está- Ucrania, las protestas y represión consecuente en Irán por la muerte de Jina Amini, los trabajos con el carbón vegetal por todo el mundo, cómo ha quedado Afganistán -y sobre todo sus mujeres- tras el triunfo en la guerra de los talibanes, cómo la ropa de segunda mano que ciertas firmas dice reciclar acaba depositada en las aguas de unos cuantos países pobres, los asaltos oficiales a laboratorios que en plena selva tratan la cocaína que provocan su destrucción… para volver a surgir, el penoso sendero que recorren por la selva de Darien los venezolanos que quieren emigrar a Mexico y de allí a Estados Unidos, o como uno de los Estados más ricos del mundo -California- ha logrado convertirse al mismo tiempo en uno de los que más pobreza acumula.
No todo son catástrofes, con lo que por otras exposiciones podemos acceder a la vida en otras regiones del mundo, a menudo obteniendo lecciones muy provechosas. Y, en cualquier caso, volvimos con unos cuantos nombres de fotógrafos apuntados: Laura Morton, Nanna Heitmann, Federica Rios Escobar, Pascal Maitre, Natalya Saprunova, D’imitar Dilkoff, Christopher Rogel Blanquet, Tyler Hicks, Sandra Mehl, Ebrahim Noroozi, Emily Garthwaite, Giles Clarke,…
Dos cosas que me gustan de todas las exposiciones: El cuadro de presentación de la misma por parte del fotógrafo y el mapa que sitúa el territorio del que se habla en las fotos. Suelen ser de lo más nutritivos, ayudando a ir construyendo la idea global, el panorama con el que regresas del Visa pour l’image.
Y, en cualquier caso, ya allí también se puede ver algún edificio de la ciudad en el que hasta entonces no habías reparado (como el de la foto), o hacer el circuito de sus librerías, que siempre cae algo. No es mala cosecha.
En sucesivas entradas iré dando cuenta de alguna de las imágenes del festival de más impacto… o de la lección -que no aprendemos- incorporada.




 

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