Cruzando la calle de entrada a Sanjusangendo (unos metros al norte, pues) te encuentras con el acceso al Museo Nacional de Kioto.
Constaba en mi relación de sitios que había anotado como de obligada visión, tanto por su -luego revelada estupenda- exposición temporal, dedicada a Shinran -un maestro budista de gran predicamento, cuya figura y enseñanzas aparecen representadas en múltiples obras de arte-, como por ver su nueva ala, dibujada por el arquitecto Yoichi Taniguchi.
Allí puede experimentar, con lo que me pasó, el grado de sometimiento literal a las normas, totalmente acrítico, al que se entregan mayoritariamente los empleados japoneses. Me explico: Como en muchos museos del país, está prohibido hacer fotos en su interior. Puedo llegar a entenderlo, pensando que de esa forma piensan proteger todo eso de la propiedad intelectual y poder hacer un uso provechoso vendiendo catálogos y demás en la tienda.
Pues bien: Las dos primeras fotos del interior las saqué sin ningún vigilante a mi lado. Una tercera, que iba dirigida, de espaldas a lo expuesto en una sala, hacia la estructura interior del edificio, ya no la pude hacer. Un energúmeno armado de una carpeta de cartón me la colocó delante de la tableta en el momento en que encuadraba.
-¡No photos!
-Pero si es al edificio, no hacia la obra expuesta -intenté persuadirle con expresivos gestos.
-¡No photos! -y seguía colocando la carpeta delante, ocultando todo su ángulo de visión.
Las dos últimas las saque antes de salir, en la entrada del edificio, tras preguntar a una chica joven que, ella sí, con toda naturalidad, me dijo que ningún problema para sacar el edificio.
A mis espaldas, el recinto de Sanjusangendo. Enfrente, al otro lado de la calle, el del Museo Nacional de Kioto. A la derecha se puede apreciar un poco su edificio histórico, que estaba cerrado o en cambio de exposición. La nueva ala, construida por Tamaguchi, al fondo. En primer término un anexo que hace las veces de pequeña sala de exhibición, librería y portería. Por cierto que ésta responde bastante bien a lo que puede observarse en todo el país sobre este tipo de empleos. Vemos en primer lugar (izquierda) un guardia uniformado, con difícil explicación de cometido. Creo que te indicaba donde era la entrada. Luego en la portería varías chicas creo que sólo te daban indicación de lo que se podía ver y lo que no. Era al entrar en el edificio de Tamaguchi -si no recuerdo mal, que puede ser), donde por fin había la taquilla de acceso a la exposición o, si no era así, el nutrido control de entrada.
Al fondo, el edificio de Tamaguchi
El cartel de la exposición, con piezas históricas, muy bien instaladas.
A mi derecha la puerta de acceso. El centro de Kioto, al fondo.
La exposición estaba montada de tal forma que se iniciaba en amplias salas un piso superior y luego se descendía a las de otro inferior. Hice la fotografía sin ningún vigilante -cosa rara- junto a mi.
Desde el piso superior apenas se intuye lo que se exhibe en una de las salas del piso inferior. Sabiendo que los vigilantes no dejaban hacer fotos ya no probé de hacer ninguna sobre detalles de las obras. Sí intenté, tranquilamente, sin ocultarme, de unos espacios Interiores que mostraban la amplitud y solidez con la que estaba construido todo. Fue cuando se me lanzó un cerril vigilante a evitarlo a toda costa.
Acceso a los lavabos.
La entrada desde el vestíbulo interior.








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