Todos los elementos trasladados se han dispuesto, como si se tratase de un pueblo, alrededor de un gran estanque.
Transcribo de un letrero explicativo. Cada Rokujizu (que así se llaman estos personajes) es en el budismo responsable de una manera de transmigración: infierno, hambre, bestias, carnicería, humanos y cielo (no acabo de entender la coherencia interna, pero así está puesto). Salvan a la gente de padecer sufrimientos y desastres. Estas estatuillas, que estaban originalmente en un santuario de Takayama, se hicieron alrededor de 1740. Con posterioridad vimos que eran, con sus baberos, una presencia habitual por los templos
No me suele satisfacer todo eso de los museos etnológicos al aire libre, cuyos visitantes pueden observar como era la vida rural de la zona visitada algún siglo atrás. Suelo encontrarlos demasiado artificiales, parques temáticos sin vida propia, algo similar a como se están convirtiendo muchos centros históricos de ciudades.
No se trata de imitaciones de casas tradicionales, sino de casas reales de la zona, restauradas cuando, abandonadas, estaban en serio peligro de desaparecer y, eso sí, trasladadas poco a poco al emplazamiento actual, a unos pocos kilómetros de la estación de Takayama.
Ahora pongo unas pocas vistas exteriores y en otro momento de algún interior.
Al fondo, los Alpes japoneses.






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