martes, 18 de octubre de 2022

Sa Pesta (Génova)


Una pequeña recepción con tienda y mostrador y, rechazada la invitación a comer en el callejón del exterior, porque queríamos respirar todo el ambiente, pasamos a instalarnos en la segunda de las salas comedor.
Estábamos en Sa Pesta, una de las trattorías tradicionales genovesas felizmente conservadas y que han llegado, en muy buenas condiciones, hasta hoy.
Nuestra estancia en Sa Pesta dio lugar a uno de esos malentendidos con los nombres a los que soy tan proclive. Estábamos cansados y hambrientos. El vuelo salió de Barcelona de madrugada y ya habíamos visto una buena ración de ciudad. Al fin sentados, quise escoger dos platos típicos del lugar. No me pude olvidar de la clásica farinata, pero para luego quería algo más consistente. Vi en la carta algo que debía ser, en una ciudad tan marinera, a base de bichos de mar. Leí “Polpettone alla genovese” y me imaginé que serían algo así como calamarcitos.
Craso error: se trataba de otra farinata, pero en ésta ocasión rellena de su propia masa con trocitos de verdura.
Una especie de tarta de limón de postre y a silbar a la calle. Adiós a mi mes de sufridas medidas de contención de un barrigón emergente que -iluso- creía estar restringiendo.




 

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