sábado, 15 de octubre de 2022

Génova


Hoy acaba nuestra estancia de unos cuantos días en una ciudad que hasta hace poco había despreciado como merecedora de una visita, creyéndola un caos irracional, un conglomerado de desastres urbanísticos.
Una noche en un hotel de Génova rodeados de vallas alámbricas y en medio de viaductos de autovías nos hizo yendo de paso, hace muchos años, cejar de visitar entonces la ciudad y nos condujo a dejarla por imposible para viajes venideros. Sólo alguna visión fugaz de lo que debía ser la Vía Roma en las escaramuzas producidas durante una reunión allí del G7 y la reflexión personal de que algo debía haber en Génova si durante un tiempo tuvo como habitantes a parte de los personajes del mundo con más poder, me levantaron el veto que, tan tontamente, me había impuesto yo mismo. Una amiga que se había pateado la ciudad y me trasmitió su entusiasmo por ella acabó de allanar todos los prejuicios.
Ahora, después de haberla recorrido arriba y abajo a base de bien esta semana, no puedo sino situarla en un nivel excepcional en cuanto a sus atractivos. Unas cuantas de las razones personales para dejarla ahí arriba podrían ser éstas que cito a continuación, siempre advirtiendo que la época escogida para ir nos ha proporcionado muy buen tiempo sin excesivo calor y escasa aportación de turistas que pudieran competir con nosotros:
-La amabilidad de la gente con la que nos hemos topado, la gran mayoría de servicios de diferente tipo. Dirías que la afluencia turística aún no los ha maleado como ocurre por otras zonas del planeta y siguen pensando que es una bendición eso de ver aparecer gente que desea visitar tu ciudad.
-La mayor concentración de palacios -quizás con la ausencia de Venecia o San Petersburgo- que yo recuerde en una sola ciudad.
-Un inacabable censo de iglesias que, como los anteriores, están repletas de frescos y pinturas de una excepcional calidad. No parece que algo parecido a la amortización de Mendizával, la Setmana Tràgica o la guerra civil les hubiera afectado. Solo algún bombardeo que otro perpetrado por franceses o, sobre todo, ingleses.
-Aunque en la última década se hayan cerrado definitivamente bastantes de ellos, los comercios tradicionales suponen aún buena parte de la fuente de suministro de los hogares genoveses. Eso redunda en unos barrios habitados (es verdad que hay otros que han sucumbido o bien a la banalización (instalaciones comerciales “culturales” del puerto) o bien al deterioro (aledaños, donde se ha instalado el comercio y viviendas de la inmigración tercermundista) aún no suprimido por la gentrificación, recordando en varios momentos al Raval de Barcelona.
-Entre estos locales tradicionales hay que contabilizar unas trattorías, osterías, farinatas y demás restaurantes donde se come la mar de bien, con lo que se acabó la contención que uno estaba presentando a la expansión de su masa abdominal.
-Quioscos y estancos siguen absolutamente vivos, frecuentados por sus servicios por toda la población.
-Es una ciudad en la que conviven alturas muy diferentes. Ascensores, funiculares, cremalleras… (ahora, además, gratuitos, para fomentar el uso del transporte público) están a la orden del día, proporcionando, además de una conexión con el centro en pocos minutos, las mejores vistas.



















 

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