lunes, 18 de julio de 2022

Tübingen

Trampa. Esto no es el cementerio, sino un parque que se ha de atravesar si vas a pie hasta él. Como todo Tübingen, está repleto de gente joven.

Si a Tübingen se le asocia enseguida el nombre de Holderlin y vas allá, es inevitable recorrer los sitios que frecuentaba.
El definitivo fue el cementerio, uno de esos cementerios nordeuropeos que parece un parque, si bien se aprecia lo que les cuesta mantenerlo en correcto estado.
La sepultura de Holderlin nos decepcionó un poco, sobre todo después de haber leído crónicas para localizarla diciendo que como tal no era mucho, pero la sombra del árbol junto al que estaba le daba un carácter especial. Deduje que el árbol había sucumbido y lo habían sustituido por ese pequeñín, aún irrelevante.

Ésto si está en la entrada del parque.

Un elemento clave para orientarse, aunque lo vimos ya de regreso…

Voilà! Detrás, como apuntalado para protegerlo y que crezca como el que debía haber antes, el arbolín.

Aún en el cementerio, ya saliendo.
 

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