martes, 21 de diciembre de 2021

Palacio de Liria (Madrid)

Así pueden ver diariamente el Palacio de Liria el común de los paseantes por Madrid.

Los lunes a primera hora la entrada al Palacio de Liria, que habitualmente es cara, es gratuita. No obstante, seleccionamos ir a la primera hora de pago de ese mismo lunes, porque debíamos ir ese concreto día y no queríamos quedarnos sin alguna de las entradas que precisábamos. Por lo que comentaré al final, creo que tomamos la opción más adecuada.
Varias reflexiones, al respecto:
-Que al final la Casa de Alba se acercó aún más a la aristocracia inglesa y abrió a las visitas turísticas el palacio. Lo han organizado muy bien. Un pequeño ejército de jóvenes guías conducen a grupos cerrados de antemano (cruzándose en algún momento uno con el anterior o posterior) y van señalando lo que un audioguía explica, ya sea un cuadro, un jarrón o unas vistas. Sólo permiten circular libremente, haciendo fotos si se desea, por los caminos del jardín delantero y el pabellón donde están los lavabos y la tienda, dejando el más singular jardín posterior para uso privado y prohibiendo fotos en o desde el interior.
-El interior visitado repite el anodino esquema de tanto palacio real. Construido en el siglo XVIII y destruido por un fuego en 1936 (que creía fue ocasionado por “las turbas”, mientras que en realidad fue producto de un bombardeo), fue reconstruido fielmente, hasta ofrecer el aspecto original.
-La decoración del palacio (la antítesis de la comodidad) presenta el -para mí- mal gusto de este tipo de palacios, compitiendo para ofrecer el jarrón más grande, el marco más dorado y la lámpara más escandalosa. El apartado lámparas, en particular, merece destacarse. En general son de Cristal de Murano, pero Cayetana, la anterior Duquesa de Alba, se ve que inició su recambio, aunque por suerte sólo le dio tiempo para dejar su impronta en una de ellas, digna, con sus figuras de porcelana, de las mayores pesadillas. Como en general pasa en este tipo de sitios, las superficies de diferentes muebles están repletas de horrendas fotografías familiares, muy apreciadas por los visitantes, con marcos de plata y tal.
-Pero hay un aspecto que hace destacar el Palacio de Liria y que justifica su visita: unos cuantos -¡no todos!- cuadros de su colección, espléndidos. Varias salas llevan el nombre del pintor predominante (Velázquez, Murillo, Goya) y es rara la sala que no tenga uno que, sin dudar, te llevarías a casa, aunque eso ocasionase una reorganización de lo dispuesto por las paredes.
-Otra cosa muy destacable: su biblioteca. Hay en ella manuscritos de Cristóbal Colón, una biblia y un quijote, entre otras piezas de gran interés. Los libros están ordenados dándoles un número correlativo, con lo que mezcla un tratado moral con una biografía o un manual de jardinería, pero lo que realmente causa impresión es el conjunto, en su modesta carpintería de color verde azulado. Como me pasó con la pintura, esperaba encontrar alguna postalita para comprar en la tienda, pero ni una. Tuve que conformarme con tres reproducciones de cuadros, de colores no muy finos. Por eso he ido a buscar y cuelgo imágenes de internet.
¿Por qué recomiendo la visita de pago? Porque incluye la visión del actual duque, con pantalones viejos de estar por casa, gruesos y descuidados tirantes y una camisa psé, psé, como si formara parte de una cuadrilla de electricistas en acción. Estábamos mirando los cuadros y objetos del descansillo de la nave principal de palacio, una vez subida la monumental escalera, siguiendo las instrucciones de la guía y el audioguía, cuando asomó su cabeza por la puerta de un extremo, que volvió a cerrar. Al poco tiempo debió decidir que para qué esperar y, ni corto ni perezoso, cruzó todo el pasillo entre los visitantes, para (me tuve que hacer a un lado), abrir la puerta del extremo contrario y perderse tras ella. Todo muy bien escenificado. A nosotros no nos la dan con queso: ¡seguro que no aparece así en las visitas gratuitas!

Así ya no. Hay que pagar.



Un Rubens copia de Tiziano.

Velázquez.





Este Rubens (vi uno similar, creo, en Dresde) siempre me ha hecho gracia


 

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