Que no se ofenda nadie, pero cuando por los años 80 se hacia parada en Huesca, era porque de otra manera, con las carreteras de entonces, las distancias se hacían enormes.
Ahora hay unas autovías extraordinarias y la visita de la ciudad puede hacerse perfectamente por sus propios atractivos. Un amigo que la frecuenta comenta con orgullo que tiene cuatro -que se dice pronto- librerías de una cierta importancia. Han quitado el tráfico de su centro histórico -con una joya como San Pedro el Viejo, de cuya imaginería de los santos Justo y Pastor hablé otro día-, adecentado su plaza mayor -volveré a ella- y su pequeño pero consistente ensanche y parque central. Eso sí: ha crecido un montón, con densos barrios de viviendas por todo su alrededor.
En otra ocasión disfrutaría seguro con una visita dirigida por algún conocedor de su historia urbana, porque mediante una simple incursión descubres, por ejemplo, singulares edificios racionalistas y art déco.
El casino.
Y su puerta.
No es solo cosa de la mejor zona de su centro. Más alejada puede verse por ejemplo esta casa, hoy desgraciadamente parece que abandonada.





No hay comentarios:
Publicar un comentario