Hablé de la desilusión que nos produjo la visita de Mirambel, que una mañana de día laboral de la era del coronavirus vimos prácticamente desierto. Era una desilusión por un excesivo -a mi entender- afán de ordenación, restauración y limpieza, dejándolo todo de un estilo impoluto, que parece es lo que atrae a los turistas. Unos turistas que por otra parte, al menos en la mañana de la que hablo, brillaban por su ausencia. Menos mal, porque así nos ahorramos ver más gente de los dos o tres grupillos con los que nos cruzamos, mirando a un lado y otro, buscando dónde meterse: ni un bar, ni un restaurante, ni la iglesia, ni la oficina de turismo, abiertos.
Que nos desilusionara esa sensación de decorado y la casi completa falta de vida no quiere decir que no viéramos en el pueblo cosas que nos gustaran. Desde su estructura, posición, pasando por sus impresionantes monumentos, con toques de delicadeza como la del Portal de las Monjas, Mirambel impresiona, aunque asuste su próximo destino como parque temático.
He decidido hacer dos entradas (al margen de las que ya hice en su momento) con fotos del pueblo. Hoy las que hice a esos sitios imprescindibles, que aparecen en todas las guías del lugar. Otro día, algún que otro detalle con el que me encontré por ahí, llamándome la atención.
Comentarios en los pies de foto.
Si se pudo ver el horno histórico, porque la tienda, regentada por una chica que vive -creo que dijo, o quizás de ahí se traía el pan- en Bordón, si estaba abierta. Lo único.
Junto a las murallas, en el barranco que desemboca en el rio Cantavieja, una zona de lavaderos y no sé qué más restaurados, como la ermita con pórtico de más allá.
Como se ve, en venta. Una casa con posibilidades, que dicen los anuncios inmobiliarios.
No es la única en la plaza...
Hice la foto a las celosías, pero la pongo aquí para sembrar cizaña con las normas y reglamentos que suelen haberse establecido en estos sitios. ¿Por qué debe quedar, tras la restauración -o incluso cuando se trata de obra nueva-, la fachada con la piedra vista? Otras casas -ahora casi en ruinas- atestiguan que no era ése el acabado final, sino que las fachadas siempre iban encaladas o con una capa protectora. Ésta misma, la imagino con una aunque sea modesta cubierta blanca …





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