Han sido sitios infames, sucios, estresantes, en los que seguramente no se debería tener más que ganas de perderlos de vista. Ahora, en cambio, dada su singularidad, que escapa a toda estandarización, proporcionan edificios públicos para mil funciones, espacios para el desahogo, respirar… Todo lo contrario, vaya.
En las imágenes, plaza y edificios surgidos en el polígono industrial de Can Bertrand, en Sant Feliu de Llobregat.




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