lunes, 27 de abril de 2020

Le Train Bleu


Ahí me restauré bien.-4
Miento, porque la verdad es que la única vez en que cené ahí no fue como para recordarlo por la calidad de lo que ofrecían... a un precio de mejor causa. Pero puesto que el sitio, como deja entrever su tarjeta, es de lo que no hay, lo incluyo entre las destacadas de la colección.
Sin saber nada de “Le train bleu”, topé con él hace muchos años, gracias a que me atraen con fuerza las estaciones de tren y sentí curiosidad por ver la Gare de Lyon con ocasión de dormir con nuestras hijas, entonces muy pequeñas, en un hotel vecino. Entramos, dimos una vuelta por sus salones y salimos apresurados, cuando ya no podía sostenerse un minuto más la ficción de que íbamos a comer ahí.
A ese mismo hotel fui, muchos años después, en una expedición de trabajo a Paris. Llegamos tarde a la ciudad, pero salimos para cenar algo. Cuando oí que a ver dónde encontrábamos un restaurante por ahí y a esas horas, comenté que ahí al lado estaba “Le train Bleu”. Nadie más del grupo sabía de él. Señalé que era un crimen no verlo, pero que mejor no cenar ahí, porque era carísimo. Pero como quien iba a pasar la nota a la empresa no mostró ningún miedo por el precio, ahí cenamos. Como digo, entonces -no sé ahora- se pudo comer, pero nada era exquisito, y menos al precio anunciado.
Hace no demasiado, volviendo a ver “La maman et la putain” (Jean Eustache 1973), me fijé (son cosas de esas en las que no te fijas cuando no conoces el sitio) en que ahí se había rodado una escena que, aunque fuera solo por ella, hace necesario conocer el histórico lugar. Una escena que hace honor al sitio y es, además, una definición y extraordinario homenaje a Murnau y su “Amanecer” (1927).


 

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