Tardes apacibles de invierno. Terraza en una calle de la zona turco chipriota de Nicosia, tomando ese agradable sol que regala la primavera. Lástima, en este caso, que en algún momento ha de aparecer el contraplano.
Podría ser y parecer por momentos el amplio lecho, seco, de un río, con, asomado a la otra orilla el clásico Hotel Ledra. Pero no es así. Es el foso de las antiguas murallas de la ciudad y una torre de la ONU nos devuelve a la realidad: hace de tierra de nadie, infranqueable, entre las dos comunidades, la turca y la griega.
Otra de las regiones camino de ese bello ideal de una europea solidaria, unida.





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