sábado, 24 de agosto de 2019

Mercado de Humauaca


Los mercados ofrecen una nota de color y tipismo que no suelo despreciar. Por eso, llegados a Humahuaca, a pleno sol de mediodía, antes de ir a comer entré un momento a curiosear el mercado municipal de la población. No había casi nadie, quizás por la hora tardía. El contenido del recinto, en vez de alegrarme, me hizo rozar zonas bastante negras.
No me atreví a fotografiar, por lo sórdido, una parada en la que, tras un mostrador sucio y desordenado, un viejo esperaba a algún supuesto comprador. Me pasó por la cabeza la imagen del triste filete de pescado que, extendido en el suelo, vi que intentaba vender durante tres días seguidos una anciana en el paso subterráneo vecino a nuestro hotel moscovita. Hice estas dos fotos de las paradas más boyantes, que no dejan de demostrar la pobreza general, y salí fuera a respirar.
Ahora veo que el niño que corre en una y la mujer de detrás del mostrador de la otra, sonríen. Quizás sean, pues, apreciaciones erróneas mías...


 

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