Junto al retablo de Jaume Huguet en la iglesia de Santa Maria de Terrassa hay otro retablo que también llama la atención. Es el de Sant Miquel (Jaume Cirera y Guillen Talarn, 1450/51), quien aparece ahí en medio de otras escenas religiosas, plantado tan chulo sobre un desgraciado diablo a quien le está clavando una lanza.
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