En este recuerdo de lo visto por el lago Como me fui directo a Laglio y Villa Oleandra y me reclamaron si no habíamos estado en Cernobbio. Sí. Dejamos el coche en un parking, desayunamos y recorrimos la población, de su punta sur a su punta norte. Quizás me lo había saltado antes porque sus dos más famosas Villas nos hicieron un feo bien grande.
En el sur, Villa Erba, que había sido de los Visconti y en la que Luchino había pasado vacaciones de verano y rodando películas, es ahora municipal y se hacen en ella ferias y congresos. Desde fuera, al abrirse una verja para dejar salir un coche, pudimos ver que su enorme jardín está muy cuidado y preparado para las visitas, con carteles de información e itinerarios, pero no nos dejaron entrar.
Lo mismo ocurrió en la punta norte de la población. Su portero uniformado nos cerró en nuestras narices la verja de entrada de Villa d’Este, inicialmente residencia del cardenal de Como, luego de los jesuitas y desde el siglo XIX uno de los hoteles de lujo más practicados por los actores norteamericanos de fama.
Lo peor es que tanto en Villa Erba como en Villa d’Este nos quedamos vergonzantemente rodeando inútilmente sus vallas exteriores, para ver si había alguna perspectiva desde la que se pudiese vislumbrar las delicias que nos perdíamos y lo único que conseguimos, hasta decir lo de que “las uvas están verdes” fue comprobar lo antipáticamente ruidosa y molesta que es la carretera que rodea a ambas.
Pero bueno: fue muy agradable el paseo junto al lago y por las callejas de su casco antiguo...






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