Cinco espacios que marcan bastante, me parece, lo que ofrece hoy el barrio porteño de San Telmo. Un amigo lo comparó con el de Gracia barcelonés y no veo que andara muy desencaminado. ¿Por qué fuimos por ahí, y más en domingo (otro día, entre semana y lloviendo, y un segundo por la noche, la experiencia fue totalmente diferente)? Evidentemente en busca de eso de la esencia de la ciudad. Luego resulta que es, como en el caso de Gracia, una esencia algo forzada, porque esa desapareció de ahí hace mucho tiempo.
¡Qué duro queda eso que he escrito! Será, quizás, porque ya puse todas las fotos habidas y por haber de lo que me llegó y gustó del barrio y me quedaban en la tableta estás cinco que me resistía a tirar, porque marcan bastante bien el contrapunto, en ese sentimiento ambivalente que resulta de la visita.
La entrada de “una casa típica”. La cosa tiene trampa, porque me parece que daba acceso a un museo municipal.
Ésta fue la gran decepción del día. El Desnivel aparece mencionado como parrilla típica en absolutamente todas las guías. Por un momento me vi ahí, comiendo, y me entró un gran agobio. Quise retratar el icono, pero también a tanto turista lanzado a buscar “una experiencia”, sin ver lo cutre que ésta podía resultar. Ahora se me enfadará mucha gente: ¿a que es difícil dar con un restaurante recomendable por Gracia, casi todos ellos empeñados en dar una nota (atiborrada) de su autenticidad, aunque ésta sea oriental, pues “somos muy cosmopolitas”.
Éste hotel sí que me gustó, con su grafía y mosaico procedente de una modernización, y ese letrero de “Hotel” que más bien parece el indicador de un taxi, pero que no parece poder ocultar del todo su realidad.
Un bar mítico, “El Sur”, con el que nos topamos fuera de horas, cerrado.
La ocurrencia de la farola.





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