Recordaba ahora un paseo en barco por el delta del Danubio, en Rumanía. Disfrutando de un luminoso día, todo perfecto inicialmente. Pasado el tiempo, la monotonía te vence. Deseas ya volver, pero no puedes, porque estás en el barco.
Desde el comedor, saliendo de Tulcea, la ciudad en la que se embarca.
Un inusual espacio abierto recorrido tras mucho tiempo por un canal rodeado de árboles.
Zonas con una quietud que transmiten cierto misterio. Estaría muy bien si no se quisiera mantener la tensión hora tras hora (era una excursión de todo el día, para poder alcanzar los espacios más atractivos, como éste).
A partir de un tiempo de recorrer continuamente el canal navegable, cualquier novedad es acogido con alborozo.
Y te distraes, buscando la novedad, con cualquier cosa.






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