Es el Mädlerpassage de Leipzig, que nadie que visite la ciudad deja de recorrer, aunque sólo sea porque las guías y folletos informan insistentemente de que ahí, en su subsuelo, está el Auerbachs Keller, que Goethe hizo aparecer en su “Fausto”.
En cualquier caso, sus establecimientos no se han banalizado y su fisonomía y ambiente son de las que da gusto observar.






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