Es el pabellón del jardinero que ocupaba Goethe cada vez que quería aislarse y escribir. Está en el parque de Ilm, que ayudó a diseñar. Uno de los lugares que hacen de Weimar un sitio de lo más agradable. Cuando lo estábamos visitando el cielo de un día soleado, bastante caluroso, se empezó a cubrir de negros nubarrones, desatándose un fuerte viento, que aún hacía más singular y recordable el paseo.
Las fotos son de Teresa.




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