Siempre se aprende algo. No lo teníamos planificado, pero una casualidad nos llevó ayer a la Basílica de Santa María de los Arcos. Decían que era una Basílica Paleocristiana y, acostumbrado a ver bajo ese nombre unas cuantas ruinas de los cimientos de algo, arrugaba la nariz. Pero el "¡Os va a encantar!" venció la resistencia. La impresión cuando te abren la puerta de la Iglesia y atisbas el interior es grande. Toda su estructura se basa en antiguas columnas romanas, las de mayor diámetro conservadas en toda la Península Ibérica.
La solución al enigma: A mitad camino, en la Vía Augusta, entre las minas de oro de Las Médulas y Tarraco, Tricio (La Rioja), reputado por su "terra sigillata", estuvo ocupada unos tres siglos por parte de la VII Legión Romana. Elementos de las columnas de su templo, colocadas, eso sí, a la tuntún (como graciosamente explicaba la señora de la Asociación del pueblo que cuida de ese patrimonio), sirvieron para sostener la nueva iglesia parroquial, situada en el llano precisamente donde había también un mausoleo del siglo III, que ahora también se ha descubierto.
Vale el viaje, que diría la Michelín.

No hay comentarios:
Publicar un comentario