martes, 4 de abril de 2017

Cementerio británico de Valencia

En el vidrio de más a la derecha es donde más se aprecia el efecto de las pedradas.

El mes pasado, tras visitar el cementerio de Valencia (que tendrá su entrada por aquí: ¡qué categoría!) cruzamos la calle para atisbar el cementerio británico que, pese a su nombre popular, era ese espacio fuera de los muros del oficial donde sepultar a todos los muertos que no eran de confesión católica.
Se ve que está siempre cerrado, para evitar actos de vandalismo, pero tuvimos más suerte que Carlos Fabra, el ex-presidente de la Diputación de Castellón, en cuanto se ponía a jugar lotería. Una señora muy amable y dicharachera, de la colonia británica (aunque en realidad era irlandesa...) estaba en el lugar y nos dejó entrar y echar un vistazo, además de que nos informó de toda su historia y vicisitudes actuales.
Se trata de un terreno vallado relativamente pequeño, por el que hay esparcidas, en un relativo orden, sepulturas de diferentes épocas, sin que ninguna destaque mucho por encima de la modestia general, impresión ésta quizás sacada por contraste, al haber acabado de ver la magnificencia de los panteones de la zona noble del cementerio oficial.
Su punto principal de interés, además de la simpatía general del conjunto, es su pórtico, diseñado por un arquitecto modernista, Vicente Sancho Fuster, quien dejó a la posteridad también una casa en la ciudad. Se trata de un edificio con unas rejas de hierro muy elaboradas y que incorpora una pequeña capilla con una luminosa y florida vidriera. Para restaurarla nos dijo la buena señora que estaban intentando recoger dinero, porque presentaba alguno de sus vidrios rotos: Alguien se había dedicado a echarle unas cuantas pedradas.


Está mantenido con esfuerzo y sin dinero.



Reja con los típicos murciélagos símbolo de Valencia.




 

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