martes, 22 de marzo de 2016

Tapices de Anfers


Me suele incomodar eso de ir a ver "lo que se tiene que ver" de un determinado sitio. No es postureo, de verdad. Me ponen negro las colas y sus conversaciones en las que invariablemente se oyen menciones a otros sitios de esos "que se tenían que ver" de otra punta del mundo, en una especie de competición tonta (como casi todas) por ver quién ha visto más. No digamos los precios a los que suben las entradas, demostrando eso de la ley de la oferta y la demanda. Luego las incomodidades para ver la joya de turno entre gente que se para ante todo lo que, una vez han entrado, se les presenta por delante, no sé muy bien si en un primer intento, pronto olvidado, de entender por qué tenían que entrar, pagar y ver todo eso, que pronto se hace tan pesado. Y, para dorar la píldora, descubrir la rara habilidad de la institución que gestiona el sitio, ya omnipresente, de hacer pasar obligadamente por espacios en que se venden todo tipo de horrorosos adminículos con un lejano parentesco con lo visto, para que los visitantes se los lleven -previo pago- a casa, escampen la buena nueva a sus amistades y parientes y, haciendo que estos se vean obligados a acudir a verlo con sus propios ojos, convertir el círculo en espiral demoníaca.
Dicha todo esto en esta larguísima parrafada, debo confesar que, si bien he conseguido mantenerme al margen de algún sitio de estos (para desesperación de acompañantes solidarios), en otras ocasiones no sólo he caído, sino que tras caer he estado boquiabierto disfrutando de lo lindo y luego he salido exultante de la belleza de lo mostrado.
Nunca suelo prestar atención a los tapices, que no me suelen decir gran cosa. Quizás porque la mayoría visible corresponden a una época de la historia del arte -seguramente por ignorancia y falta de constancia por mi parte- que no es de mis favoritas. Pero en los últimos tiempos he podido ver dos maravillas, muy antiguas, impresionantes. Uno es el divertido, además de hermoso y extraordinariamente bien conservado, tapiz de Bayeux. Otro los los nada menos que 140 metros de este tapiz del Apocalipsis que se conserva en el Castillo de Angers. Hay que verlo...




 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Rothesay (Isla de Bute)