lunes, 16 de noviembre de 2015

Les deux Magots


Me dijeron de ir a la terraza de "Les Deux Magots", porque "es muy distraída, merece la pena para recuperar el placer de hacer voyerismo en plena calle y al aire libre" Y, obedientes, ahí nos situamos en el primer día. Nos pareció de precios estratosféricos, pero luego, habiendo transitado ya un poco por todos lados, los bajamos hasta situarlos a la altura de la primera atmósfera, confundidos con los de todos los sitios, míticos como éste o no.
Lo más curioso es que lo más caro es la taza de café, el refresco o la copa de vino, muy por encima del coste de un plato ligero para la comida. Supongo que, cansados de que la gente acuda para sentirse por un momento existencialista o componente de la Nouvelle Vague (¡cuántas secuencias hacen familiar los sofás corridos del interior, con su barrita dorada superior y espejos!), penalizan los subterfugios que deben creerse más baratos. Si quieren sentarse, que paguen el escenario, han debido decirse.




 

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