jueves, 12 de noviembre de 2015

Cementiri Mariner de L'Escala

El día de Todos los Santos, sabiendo que ese era uno de los escasos días en que estaba abierto el Cementeri Mariner de L'Escala, nos personamos allí tableta en mano.
Está rodeado de casas, alguna de varios pisos. Crece en el recinto la yerba, que siegan previamente para la ocasión. La mayoría de tumbas no tienen ni una triste lápida. Es de suponer que los huesos de sus inquilinos habrán ido a parar al osario, por falta de pago del correspondiente alquiler.
Tiene, dentro de su sencillez, o quizás por ella, su gracia...


Primero de noviembre. Tras quitar hierbas os, la verja abierta.

Lápida con sentencia que asusta en la entrada del recinto.

Tumbas sin nombre, como una gran mayoría.

De tanto en tanto, una lápida que identifica al que yace en el interior del nicho.

La curiosa numeración de las tumbas.

Otra.

Callol, un apellido muy frecuente en L'Escala.

Éste fue, a la sazón, mi tatarabuelo.

Y ésta mi bisabuela, la única a la que llegué a conocer, ya en sus últimos años, siempre vestida de negro.

Este panteón tiene una reciente historia bastante curiosa. Hará unos diez años, durante las últimas obras de mantenimiento, los paleras montaron en su interior un lavabo, apartando todo lo que vieron. Los Maranges eran la familia de más renombre del pueblo, dando nombre a la calle que era "la de les botigues". Su caserón se vendía hará un año... Pues bien. Los paletas no entendieron nunca por qué se habían enfadado por lo que hicieron. "Si total estaban muertos...", debieron decir. Ahora el interior del panteón, al que entré, está vacío.





La tumba de la gloria literaria local, Catarina Albert, Víctor Català por seudónimo.



Detalle constructivo.




Y salir...
 

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