Estoy usando últimamente el dicho ese de "No quieres caldo, pues dos tazas" con mucha frecuencia. Aún así, hoy tocaría emplearlo de nuevo. De no ir nunca, he pasado a estar con tres días de diferencia en los dos centros turísticos/comerciales/religiosos/patrióticos del país.
El domingo mis pies se estrenaron en Nuria. Hoy he vuelto a Montserrat. Ambos son, eso queda claro, un fenómeno extraño, que supera barreras. Montserrat lo visitaban ya viajeros de varios siglos atrás, pero lo de hoy en día es espectacular. Aparece en todas las guías, es una de las salidas optativas ofrecidas como complemento a los visitantes de Barcelona, y lo primero que ves al llegar es un parking lleno de autocares, señores y señoras de esos con un cartelito elevado hacia el cielo mostrando un número para aglutinar a su grupo...

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