Si estos días se defendía por aquí una foto, diciendo que ella sola podía sacudir las conciencias y hacer parar un drama de los gordos, ¿qué no se lograría entonces con las exposiciones del "Visa pour l'image 2015" (en Perpignan hasta el 13 de septiembre), repletas de imágenes de injusticias, que avergonzarían a cualquier humano de su condición?
Muchas son de conflictos acaecidos hace un año que casi hemos olvidado pese a que en realidad no se han superado en absoluto: el martillazo del ébola por el golfo de Guinea (Daniel Berehulack), la guerra de la República Centroafricana (Marcus Bleasdale), el destrozo de Homs y los primeros arañazos a Damasco (Sergey Ponomarev, aún sin saber lo que seguiría), la inmigración hacia la fortaleza de Europa (Giulio Piscitelli) por otros territorios que los actuales, Somalia hecha añicos (Mohamed Abdiwahab),... Para descansar de tanto conflicto, Nancy Borowick) nos introduce en el desolador proceso de un matrimonio judío americano -sus padres- al que se le diagnostica, casi al unísono, un cáncer avanzado del que seguimos todos sus estragos (quimio y radioterapia incluídas) hasta que una cama de matrimonio vacía es todo lo que queda de ellos.
Llega un punto en que vas pasando a paso ligero las fotos, ya confundiendo las escenas dramáticas de los desahucios de familias españolas con las de las consecuencias de revueltas en Ukrania, Turquía o Siria. En esta tesitura, se entiende las ganas de ver y hacer durar las fotografías del Perú de Juan Manuel Castro Prieto, un remanso de paz, cargado de humanidad, aislado de tanta tremenda vivencia. Como sea que el fotógrafo está por Facebook y es muy generoso ofreciendo en su muro sus fotos, recomiendo a quien lea estas líneas que le pida "amistad". No se arrepentirá.
No me ha resultado tan exaltarte como en otras ocasiones la librería del Festival, situada como siempre en el Arsenal, y me he ido de vacío. De hecho me han parecido muy atractivos dos libros, que no he comprado por encontrarlos caros y de esos que ocupan demasiado: Los "Self-Portrait" casi con apariencia de involuntarios de Vivian Maier (PowerHouse Books) y "Cadets. Au coeur des academies militaires", de Paolo Verzone (Ed. de la Martinière).
Por lo demás, ver las exposiciones del certamen un domingo no es una buena idea. Toda la ciudad, excepción hecha de algún bareto aislado, está cerrada, y no puedes ni entrar en una librería a curiosear las novedades. Y el restaurante bueno que tengo clichado no ofrece un menú del día, con lo que sale mucho menos económico.





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