La misa de sábado de mayo con largo fin de semana (festivo el lunes) que abarrotaba la catedral de Nantes resultó corresponder a la celebración de las confirmaciones anuales. Las familias, que de otro modo lo habrían hecho, no habían abandonado su ciudad porque hacía la confirmación su vástago. Acabada la misa vimos salir a la plaza de la catedral, en olor de multitud, a toda una generación. Supongo que fue un aviso que nos lanzaban para confirmar -literalmente- eso de que Bretaña es un reducto del catolicismo...
Saliendo de la iglesia y colocándose en la escalera de la puerta, cara a la plaza.
Casi listos para la foto.
Los niños rodean al protagonista de la que será la tercera y última entrega sobre la catedral: Su obispo.
Me he montado, gracias a esta escena, toda una película. Su hermana debía hacer la confirmación. El hermano mayor, que ha pedido permiso para estar presente, se ha enrolado en la marina siguiendo esa tradición de la burguesía de Nantes, en tiempos tan ligada al mar.
Contraplano. La esplanada de delante de la catedral llena de las familias. Los edificios alinean muy bien ese abrigo a la catedral que constituye la plaza.





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