Hablaba el otro día de la caña de azúcar, que había sido el motor económico de la isla durante un tiempo, y de que aún funcionaba alguno de los ingenios de Madeira. Éste es uno de los que, finalmente, ha sucumbido. Con su patio rodeado de hierbajos, aún permite echar la imaginación a volar, y pensar en cómo eran entonces las cosas.
Está en Porto Moniz, en el noroeste de la isla.

No hay comentarios:
Publicar un comentario