martes, 16 de octubre de 2012

Monasterio de Cañas (Rioja)

La visita del monasterio, que no conocíamos ni teníamos prevista, fue una maravillosa sorpresa.

La nave de la iglesia, restaurada.

Las vidrieras de alabastro le dan una luminosidad extraordinaria a la nave a esta hora de la mañana.

Virgen des s. XIV, en la iglesia.


Detalle del sepulcro de la abadesa doña Urraca, de la importante familia López de Haro. Lloros y no sé si hasta estiradas de pelo por el disgusto de la muerte.

Se ve que es el gesto de llorar, pero más bien parece que se estiren el pelo, ¿no?

Las monjas, orando a los pies de la fallecida.

En procesión durante el sepelio.




La delicadez de la mano, que parece que aún vaya pasando las cuentas del rosario.

El motivo de la parte superior del báculo de la tumba lateral.

Y la parte inferior. Diríase que cada vez que da un paso con el báculo, chafaba un diablillo.

El claustro del monasterio, aún con monjas habitando en un ala.

Parece un adornado gorro de dama de la época, pero es una calavera de una de las monjas, que solían ser hijas de "buena familia".


Huesos pintados, guardados como reliquias. AHora, por suerte, parece que las monjas ya no se entretienen pintarrajeando o vistiendo con elegancia calaveras. En la tienda se vendían las pastas y yemas que producen.

Otra rara estatua de María con el niño en sus brazos, pero ambos en los de su madre, Santa Ana. No sé si fue en un concilio que dijeron que no podía ser que la estatua de la virgen fuera más pequeña que la de otra persona, por más que ésta fuera su madre, y se dedicaron a romper todas las estatuas que existían como ésta, que se salvó por casualidad.

El trabajoso pavimento del claustro.



He apreciado una cara especial en todas las vírgenes riojanas...
 

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