miércoles, 1 de agosto de 2012

Lhardy

Desde que lo conocí, no hay vez que pase por Madrid que no me deje caer por la planta baja de Lhardy, para tomar un aperitivo, que siempre acaba siendo una comida completa: Su caldo, sus croquetas, albóndigas y demás exquisiteces, merecen el paseo...

Las famosas croquetas de Lhardy.

Esta vez vi que podías subir a curiosear el restaurante, en el piso, tras haber hecho la consumición.

Un entorno conservado como a mitad del siglo XIX, en el centro de Madrid.

No es que me gusten las lámparas, que no sé si son del año de la inauguración (en todo caso sí del XIX), pero es parte del conjunto.

Los mostradores de sanwiches, etc. El recipiente de la derecha, el samovar, es el del caldo, a no olvidar.

Otra parte del utillaje de esta pieza de museo total mente viva. Hace unos años, cuando salíamos, entraron Agustín González y Manuel Alexandre, que se pusieron a bromear con la cajera. Eran habituales...
 

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