Las guías hablaban, cercano a Tornhill, del pequeñísimo pueblo de Durisdeer, pues su iglesia albergaba una -según vi en alguna imagen- sorprendente tumba de un Duque.
La carreterita que muere en el pueblo es una delicia, confirmada cuando aparece en algún momento un rayo de sol.
Llegados al pueblo -ahora llueve, ahora no-, dos detalles de la tumba, en el interior de la iglesia: las retorcidas columnas salomónicas que sostienen un bardaquino y el trabajo de artesanía en la piedra para tallar las piletas del Duque.
Fotos de septiembre pasado.







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