Es curioso lo de las fotos. Ves algo que te llama la atención o, como en este caso, se trata de una imagen que, de alguna forma, quieres conservar. Sacas la tableta, reproduces el encuadre que habías hecho mentalmente, y (no disparas, que eso era con las cámaras analógicas, que incluso acompañaban la cosa con ese ruido característico de apertura y cierre del obturador) pulsas en la pantalla para captar lo que has intuido.
No hay que hacer mucho caso. Pensamientos que cruzan por ahí en fechas tan señaladas o, si se quiere, de año ya casi totalmente transcurrido.






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