Uno de los sitios de Cesare Pavese en Turín era el Caffé Elena, en la Piazza Vittorio Veneto.
Sigue existiendo, ignorante por completo de su pasado, y preocupados los que lo regentan en atrapar a visitantes que pasen por ahí.
Como café no es bueno, pero mantiene una sala con muebles y algún detalle de su buena época, quizás más por desidia que otra cosa. A veces la desidia ha preservado lo que, de otra manera, habría desaparecido por completo.
Ahora quizás me lo estoy imaginando, y simplemente al pasar me atrajo lo que se distinguía desde fuera y entre a ver. Diría que para ir al lavabo te hacían salir fuera e ir hasta ese patio. Ahora lo dudo.





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