Me acusan de que preparo los viajes en exceso, sin dejar nada a la improvisación. La demostración de que no es así está en la visita a Città de la Pieve, que no teníamos prevista, y resultó de lo más interesante.
Vimos por Perugia anunciado que dedicaban una serie de exposiciones a Perugino y ahí nos presentamos un día a primera hora, temerosos de que las masas de visitantes nos entorpecieran la cosa. Alguna de las exposiciones (ya les dedicaré otras entradas), muy bien, pero ahora me gustaría dedicar ésta a la propia ciudad, que, con o sin exposiciones, merece la pena.
Contrariamente a lo que suele ser común en la Umbría, la ciudad no está en la cima de una colina, o por lo menos no en una colina escarpada. Una carretera rodea todo el casco medieval, donde el ladrillo predomina a base de bien.
Los túneles bajo pisos, a la orden del día en la población.
La plaza de la iglesia, sumando ésta sus Peruginos a otros cuadros para la ocasión.







No hay comentarios:
Publicar un comentario