Esplugues de Llobregat, como todo, está muy cambiado. Hace años que cerró la fonda de toda la vida, que tuvo unas cuantas temporadas de restaurante bueno, de fama.
Las tiendas de la plaza donde estaba, y ahora el Ayuntamiento, junto al puente de Esplugues, más carretera que plaza, parece que también han pasado a mejor vida. El otro domingo, lo que había sido la N-340 aparecía cortada, ocupada por vecinos celebrando la festividad de su pueblo. Un anuncio venía a condenar una de las pocas “torres” supervivientes, que se llevará consigo los últimos restos que aún siguen hablando de otra cosa, como ese rótulo de la Estética Conchita.
Al pasar por la calle cortada, delante del ayuntamiento, estaban levantando un castillo humano. Como si se tratase de un pueblo tradicional, de la Cataluña profunda.



No hay comentarios:
Publicar un comentario