martes, 27 de junio de 2023

Escolares de Kioto

Todo tiene siempre un aspecto bien diferente a la idea que te has ido formando formado en la cabeza. De Kioto, supongo que por oposición a Tokio, se dice por todos lados que es una ciudad mucho más abarcable, bien fácil de orientarse en ella. Y saqué la idea, quizás por lecturas rápidas, sin profundizar, de que era fea pero sombreada, que no tenía interés alguno pero que podías caminar por ella para ir de uno a otro de sus interesantísimos templos antiguos.
Luego resulta ser una ciudad enorme, predominantemente -salvo alguna área periférica y recintos cerrados concretos- sin apenas árboles, y con unas distancias fenomenales entre sus puntos de interés, que realmente posee en grado superlativo.
Lo de la orientación debe decirse porque todo su centro responde a una trama ortogonal, a base de unas “superislas” con grandes avenidas por las que pasa el grueso del tráfico y autobuses urbanos, mientras en su interior todo un conjunto de casas más bajas están servidas por estrechas y rectas calles en las que conviven peatones, postes de servicios cableados de todo tipo, bicicletas, motos y coches. Pero ante un inexistente plano general (pagué la novatada de comprar uno plegado que se anunciaba en su exterior en inglés, pero al abrirlo resultó que identificaba todos sus puntos exclusivamente en japonés) es casi imposible identificar los sitios concretos y has de echar mano de internet y el Google Maps.
No debe haber ningún turista que se salte en su visita el popular Mercado de Nishiki, en realidad una de las estrechas callejas horizontales, en este caso cubierta y con paradas de comida a lado y lado. Pues bien, un poco al norte de esa calle-mercado, hasta llegar a la gran avenida que cierra la “superisla”, hay todo un barrio comercial modélico, que me dio, desde esta Barcelona de de hoy en día de perspectiva tan pesimista en este sentido, una envidia tremenda: Se suceden, sin apenas ostentación exterior, tiendas que da un gozo terrible verlas, de un diseño exquisito.
Dejemos que unos escolares kiotenses, de esos típicos de película o dibujo, nos guíen un poco por el barrio…








 

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