Takayama está en un llano, a la ribera de un río y su afluente, pero al nordeste de la ciudad empiezan las estribaciones de los Alpes Japoneses. A uno de los barrios de ese lado le llaman el barrio de los santuarios, y a fe que está bien puesto ese nombre, porque son innumerables los santuarios que pueden verse por él, alguno muy notable.
Primera parte, pues.
Restos de la “Fiesta de los niños”, en la que las calles se engalanan con cometas con forma de carpas, que ondean al viento.
Máquina a la salida de un museo sobre los pasos tradicionales, de culto, que recorren la ciudad en las fiestas de Takayama, muy famosas.
Profecías que no desean que se cumplan.
El otro día expliqué el significado que dan a estas estatuillas con babero rojo.







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