Unos amigos argentinos tuvieron el acierto de llevarnos a cenar al “Perón Perón”, lo que ahora se diría un “restaurante temático”, centrado en su decoración en el líder político, sus mujeres y sus símbolos. Pero eso no es todo: cada media hora o así suena por los altavoces una canción en un viejo gramófono, mientras todos los comensales corean tenedor en mano o golpeando rítmicamente con el puño en la mesa el estribillo: “¡Perón, Perón! ¡Perón, Perón!”
Para recordar un tipo de diversión similar en un restaurante debo retroceder hasta nada menos que 1982, en México DF: se llamaba “Los Comerciales”. Cuando te acercaban a tu mesa un camarero cargado de platos hacía para tropezarte contigo y se le caía y rompía con estrépito toda la pila de platos. Era el inicio de una especie de comedia americana continua, con canciones variadas de anuncios que la gente también se sabia y coreaba.
(Las fotos son, como el local, bastante oscuras)




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