miércoles, 28 de diciembre de 2022

San Siro (Génova)


Prueba de la riqueza de las iglesias de Génova puede ser San Siro, catedral hasta que esa función fuera a parar a San Lorenzo.
Como en otras iglesias de la ciudad, se nos vino a ofrecerse un guía para enseñarnos sus tesoros, pero preferimos recorrerla a nuestro aire. No obstante, luego, una mujer que había estado fregando algún rincón, nos descubrió en un pasillo lateral buscando infructuosamente lo que había sido su claustro. Vio la desilusión en nuestro rostro al decirnos que por ahí no íbamos a ningún lado (luego vimos que estaba fuera, al otro lado de la calle, y lo que quedaba de él no era de gran interés) y nos preguntó si queríamos ver la sacristía, sacando rauda y amabilísima un manojo de llaves al ver que realmente sentíamos curiosidad.
Estuvimos un buen rato con ella, viendo lo que nos enseñó, hablando de otras cosas, como de su trabajo de sacristana, tan inusual en ciudades españolas y, finalmente, nos dirigió a uno de los dos guías “oficiales” para que ellos nos explicaran muchas más cosas que las que -decía- ella sabía.
Posiblemente lo que tanto nos sorprende de las iglesias italianas sea que, si no les alcanzó algún bombardeo de los aliados en la guerra mundial, no han sufrido ningún varapalo de los de por aquí (amortización, semana trágica, guerra civil) y conservan todas sus riquezas históricas, sólo renqueantes, en todo caso, por sobreabundancia y dificultades de mantenimiento de tanta cosa.
La iglesia, reconstruida totalmente en estilo barroco, durante el periodo de oro de la ciudad (finales del XVI, primera mitad del XVII), además del aspecto magnificente que le dan su orden y sus dimensiones, está repleta de cuadros, frescos y estatuas barrocas.
En la sacristía impresionaba ver en el suelo un enorme cuadro que iba a restaurarse.




La sacristana, en la sacristía, ante el enorme cuadro a restaurar.








 

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