Creía que, estando en Valencia, la procesión del Corpus iba a circular poco menos que a ritmo de las numerosas bandas municipales del lugar. No es así.
Como se ve en las siguientes imágenes, participan en ella alguna que otra banda, y ciertos instrumentos musicales se convierten por momentos en co-protagonistas, pero salvo alguna canción o el ruido que hizo el buen hombre que, con casco y armadura, no se muy bien qué exclamaba y le clavaba una puñalada al sol de lata que llevaba (1), la procesión pasa por largos momentos de silencio.
(1) Pongo también la foto que, a destiempo, le hice a este personaje de la historia sagrada que no tengo el gusto de conocer, pero de mucho impacto. En la foto se le ve bien tranquilo, ¿eh? Pues ya estaba trajinando su fechoría. Véase que empuña un arma corta. De repente, demasiado ágil para mis reflejos, hizo un conjuro, puso esa plancha metálica con la figura del sol en el aire y le clavo una sonora puñalada.
Lo hizo a apenas un par de metros de mí. Vio mi frustración por no haber captado con la tableta la escena. Por mi cara llena de decepción o no sé si porque le llegué a preguntar si no lo iba a repetir, que no lo había captado, categórico me dejó con un palmo de narices:
-Nada, el año que viene otra vez.
En el centro, el hombre del duelo al sol del que hablo.
Detalle de la vestimenta del de la derecha.







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