jueves, 20 de enero de 2022

Olite


Llegar a Olite una mañana de domingo poco antes de comer es una mala idea. Si al llegar os dirigís directamente al restaurante escogido para reservar plazas y resulta que está cerrado, la mala idea se convierte en catástrofe.
Como dispone de un castillo digno de Exín Castillos o, sí se prefiere, de Viollet-le-Duc (ver foto que se adjunta), se llena de gente que va a verlo y luego -bajezas y debilidades del cuerpo humano- a ponerse las botas comiendo y bebiendo, con lo que, de no disponer de reserva previa, nada bueno -en forma de ansiedad, fracasos y subterfugios lamentables a la comida pensada- os espera.
El castillo no quisimos visitarlo, entrando sólo en parte del mismo para cenar en el Parador, previa reserva para la cena. Pero por la tarde, pasado el disgusto, la cena ya reservada, turistas evaporándose y cierta consecuente tranquilidad de ánimo, una serie de paseos por todo el recinto de la ciudad antigua permiten descubrir cantidad de caserones antiguos y ambientes de gran interés.









 

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