Atraviesas el desfiladero, hoy pequeña carretera de curvas junto a un riachuelo y al final se abre un valle. La mayor parte de sus tierras están cercadas. Debían ser las propiedades del Monasterio de Iranzu, que aparece al fondo, imponente.
Dejas el coche junto a la carretera. Un camino arbolado lleva hasta la puerta del monasterio y, más allá, del bar del monasterio, que no acaba de ser lo que podría llegar a ser.
El recorrido se completa con los restos del monasterio previo, un espacio lleno de indicios, sí, pero que, al revés del monasterio actual, deja con una pizca de melancolía.





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