domingo, 12 de diciembre de 2021

Museo Nacional de Antropología

Su portada debe ser lo único que se ha mantenido inalterado con el tiempo del museo.

Solo una sala del Museo Nacional de Antropología recuerda mínimamente los elementos que ando buscando últimamente entre los museos radicados en Madrid. Hablo de unas vitrinas que recuerdan mucho a los armarios que tenían mis abuelos en su piso, de unas coloristas piezas en exhibición que, bien mirado, no es que se preocupen demasiado de lo políticamente incorrecto e incluso de una redacción de textos explicativos que mueven a lo sonrisa por lo vetustos que se intuyen.
Desgraciadamente, todos los museos se modernizan, se exponen e iluminan sus piezas de forma que se vean perfectamente y todo en general muestra un tono didáctico muy actual. Digo desgraciadamente porque, admitiendo que esas reformas se ven como necesarias, acaban para mí con todo el atractivo que previamente tenía el museo decimonónico del que se trate.
En el caso del Museo Nacional de Antropología (antes Etnología), la sala que digo contiene al Gigante Extremeño y a unos cuantos bustos representando gentes de todos los continentes. Todo lo demás es obra de las diferentes reformas que ha sufrido el edificio (en el que aún se pueden observar alguna que otra columna de hierro de las anteriores) y las ordenaciones de sus materiales, entre los que aparecen esquemas y cuadros actuales, así como algún dibujo tipo cómic, bastante horroroso, supongo que incluido con la finalidad de ser pedagógicos.
La exposición temporal, siguiendo ella misma estos esquemas, está dedicada a las Islas Marianas. Después de atender a las explicaciones de una chica que lo hacía muy bien, he sacado unas cuantas cosas algo marginales de esas que quedan. Una es la existencia en la época de una ruta de un galeón que periódicamente unía Acapulco con Guam (punto focal de la ruta) y esta isla con la Península, provocando un intercambio material impresionante entre Oriente y Occidente.
Si las Marianas y el galeón hubieran sido, por ejemplo, franceses en vez de españoles, ya se habrían hecho sobre ellas cantidad de exposiciones, libros y demás. Aquí debe ser la primera.

El esqueleto del hombre extremeño, en la sala que habla del museo original.



Ya dentro de la exposición permanente, y concretamente en el aparatado de las Filipinas, un collar hecho de vertebras de serpientes.

Y otro de colmillos de jabalíes. Las piezas de Filipinas son muy numerosas en el museo, porque provienen de una exposición que se montó al final del s.XIX, poco antes de la pérdida de la colonia.

Tras salir de la sección de Filipinas, una de las piezas de la zona genérica dedicada a Asía. La de America estaba cerrada, me parece que en espera de montarse una nueva exposición.
Un sacerdote muy activo en las Islas Marianas.

Un metate, como dice la cartela en principio de origen mexicano, adaptado en las Islas Marianas: está hecho de corales de los arrecifes. Arriba, cuchillas para las peleas de gallos. A la llegada de los españoles desconocían el metal, la rueda y una serie de elementos que rápidamente adaptaron.

Una de las columnas metálicas que permite por un momento pensar en el museo del s. XIX.
 

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