Debería arreglar de una vez la pequeña cámara fotográfica que tenía, como la que Leopoldo Pomés llevaba siempre en el bolsillo. Hacer como él, a ver si se me pegaba algo y, en vez de sacar la tableta en cuanto veo una foto, poder encuadrar bien con ella, pues permitía el zoom sin perder calidad alguna su textura.
Mientras tanto, seguiré echando mano de la tableta a la que, paseando como en Santander, vea un buen objetivo… que luego no acaba de resultar lo redondo que tenía in mente.



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