En el casco antiguo de Celrá, uno de los muchos de la zona en el que se aprecia su estructura medieval.
Casi todos los edificios de su calle mayor -me explicó mi informante- tenían en su planta baja tienda. Ahora, en toda la calle hay solamente una. La vida comercial, transformada, ha pasado a los nuevos barrios.
No ha habido grandes cambios volumétricos, aunque lo único que reglamenta el ayuntamiento en esa zona es, parece, en cuanto a colores.
La esperanza vivificadora: gente joven que ve lo sólido de sus edificios más que centenarios (mínimo del siglo XVII), su naturaleza singular, y, aunque sin muchos medios, compra un edificio ya cerrado y, con mucho trabajo por delante, lo va reformando, resaltando lo que tiene de original, y empieza una nueva vida en él.




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