lunes, 7 de diciembre de 2020

Cantavieja

La primera visión que tuvimos de Cantavieja, llegando por la carretera desde Mirambel, fue ésta.

Cantavieja, con su gasolinera, su hotel (con un restaurante que sirve excelentes y muy asequibles menús) y la sede comarcal del Maestrazgo, capitalea bastante.
Colgada allá arriba, se la ve, por cualquier carretera que se llegue, imponente y, una vez en su núcleo primitivo de casas, impresionan sus vistas a uno u otro barranco.

Ya en la villa, desde el mirador vecino a su plaza mayor.

Recorriendo el perímetro del pueblo. Es difícil, desde él mismo, tener una visión de los peñascos sobre los que se encuentra.

Otro día, regresando desde Tronchón, de repente anuncia su presencia, vigilante.

Volver a ver las vistas que la justificaron como plaza fuerte.

Una vez tomada, supongo que se hacía difícil de reconquistar. Cantavieja fue el cuartel general de, entre otros, Ramón Cabrera, el Tigre del Maestrazgo, que centra buena parte del pequeño museo dedicado a las guerras callistas que puede verse en la oficina de turismo, que, sí puedo, ocupará otra de estas entradas. 

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