Unos pocos detalles, desparejados, repartidos por la ciudad vieja de Bérgamo.
Pero suelen ser detalles como éstos los que te dan el toque de una ciudad.
Toda la parte central estaba, en ausencia de coronavirus, infestada de turistas, que han ocasionado una fuerte banalización de la zona. Hasta los comercios tradicionales que quedan por la arteria principal de la zona alta miran a los turistas. Pero no está nada mal que uno de los reclamos para los turistas sean los funghi porcini.
Un hueco en un muro.
Los austeros bancos que ha instalado en una plaza de la zona más alta el ayuntamiento, con esas redondeces que, como pasa con unas ciertas esculturas de Chillida, dan tantas ganas de acariciar con la palma de la mano.
En Roma ya no debe ser igual y la crisis de los kioscos debe ser tan notoria como en Barcelona, pero éste de la parte alta de Bérgamo, ya fuera de murallas, cerca de de la estación del funicular para subir a otro barrio, sigue hablando de la fuerza y actividad que derrochaban estos espacios.





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