martes, 30 de junio de 2020

Palamós


Me he pegado una gran decepción con Palamós, que no pisaba desde hace ya muchos años.
No por la imagen ésta ya clásica, que permanece bastante igual, con la aglomeración de su parte antigua en la colina, presidida por la torre de su iglesia, mirando al puerto, y esas dos vergonzantes casas de pisos en el paseo, junto al Hotel Trías.
La decepción ha venido primero por su explosión urbana, apreciable por el rodeo que te hacen dar ahora para llegar hasta su parte central, por el declive comercial de la calle mayor (que yo veía en tiempos de una elegancia supina, como si de un Saint-Tropez o población de la Costa Azul se tratase) y de la poca categoría de la mayoría de edificios de todo el promontorio central, con cantidad de anodinas sino deleznables promociones hechas a la tuntún.
La visión del cutre “parque de atracciones” infantil y del ya antiguo parking de la playa y el continuo de casas altas de Calonge cerrando la bahía, con las de Playa de Aro al final, completaron el panorama.

 

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